Levantado del suelo. José Saramago

Saramago1(Calificación 8,4 de 10*)

Un escritor es un hombre como otros: sueña. Y mi sueño fue el de poder decir de este libro, cuando lo terminase: Esto es el Alentejo.

Es un libro no solo literario, sino profundamente político. Un grito contra la brutal explotación del latifundio que vivió el pueblo portugués durante generaciones.

Reproduzco a continuación algunos párrafos que muestran aquello que más me ha impresionado:

Después de la tierra, lo primero que el dueño del latifundio necesita es un capataz. El capataz y el látigo que ponen orden en la jauría. Es un perro elegido entre los perros para morder a los perros. Conviene que sea perro para conocer las mañas y defensas de los perros. Un capataz es, en primer lugar, un criado, con privilegios y remuneración acordes con el exceso de trabajo que es capaz de arrancar a la cuadrilla. Pero es un criado. Está colocado entre los primeros y los últimos, es una especie de mula humana, una aberración, un judas, alguien que traiciona a sus semejantes a cambio de más poder y algún mendrugo más. 87

El arma grande y decisiva es la ignorancia. Es conveniente que nada sepan, ni leer, ni escribir, ni contar, ni pensar, que consideren y acepten que el mundo no puede ser cambiado, que este mundo es el único posible, tal como está, que solo tras la muerte hay paraíso, quien lo puede explicar mejor es el padre Agamedes, y que solo el trabajo da dignidad y dinero, pero no tienen por qué pensar que yo gano más que ellos, la tierra es mía, cuando llega el día de pagar impuestos y contribuciones no es a ellos a quién pido dinero prestado, y además siempre ha sido así y lo seguirá siendo, y si no les diera yo trabajo, quién se lo iba a dar, estamos juntos yo y ellos, yo soy la tierra, ellos son el trabajo, y lo que es bueno para mí, es bueno para ellos, Dios quiso que las cosas fueran así, quien lo puede explicar mejor es el padre Agamedes, con palabras sencillas que no añadan más confusión a la confusión que ya tienen en la cabeza, y si no basta el cura, se ordena a la Guardia Nacional que se dé una vuelta a caballo por las aldeas, solo exhibirse, es una advertencia que ellos entienden sin dificultad. Pero dígame, madre, también pega la guardia a los amos de latifundio. Para mí que este chico no anda bien de la mollera, dónde se ha visto cosa igual, la guardia, hijo mío, fue creada y sustentada para arrearle al pueblo. Cómo es posible, madre, es que se hace una guardia solo para arrearle al pueblo, y qué es lo que hace el pueblo. El pueblo no tiene quién arre al dueño del latifundio que manda el guardia a arrear al pueblo. Pero yo creo que el pueblo podría pedirle a la guardia que arreara a los amos del latifundio. Ya decía yo, María, que este muchacho no está en sus cabales, no lo dejes andar por ahí diciendo estas cosas, que todavía tendremos problemas con la guardia. 87-88

El pueblo se hizo para vivir sucio y hambriento. Un pueblo que se lava es un pueblo que no trabaja, quizá en las ciudades no sea así, no digo que no, pero aquí, en el campo, los latifundios, va uno contratado tres o cuatro semanas lejos de casa, a veces hasta meses y es punto de honor en el hombre no lavarse durante todo el tiempo de la contrata ni la cara ni las manos, ni afeitarse tampoco. Y si lo hace, hipotesis ingenua por lo improbable, puede contar con la burla de los amos y de sus propios compañeros. Es éste el lujo de los tiempos, gloriarse los sufridores de su sufrimiento, los esclavos de su esclavitud. Preciso es que este animal de la tierra sea exactamente un animal, que sume con el alba la legaña matutina a la legaña de la noche, que la suciedad de las manos, de la cara, de los sobacos, de las ingles, de los pies, del agujero del cuerpo, sea halo glorioso del trabajo en el latifundio, es preciso que el hombre esté por debajo del animal, que ése, para limpiarse, se lame, es preciso que el hombre se degrada para que no se respeta a sí mismo ni a su prójimo. 88-89

Y más aún. Se envanecen los trabajadores de los golpes que recibieron en los trabajos de labranza. Cada uno de ellos es medalla para vanagloria de taberna, entre vaso y vaso. Trabajando para Berto y Humberto recibí tantos y tantos. Estos son los trabajadores buenos, los que, en tiempo de vergajazos, mostrarían envanecidos los verdugones rojos, y mejor aún si sangran, fanfarronería igual a la de la chusma de las ciudades, que presume de virilidad tanto mayor cuanto más purgaciones duras o chancros blandos hayan atrapado en el comercio de la cama de alquiler. Ah, pueblo conservado en la grasa o en la miel de la ignorancia, nunca te faltarán ofensores. Y trabaja, mátate a trabajar, revienta si es preciso, casi dejarás buen recuerdo en el capataz o en el patrón, ay de ti si quieres fama de gandul, nunca más tendrás quién te contraté. Puedes ponerte a las puertas de las tabernas, con tus compañeros de infortunio, también ellos te despreciarán, y el capataz, o el patrón, si le da por ahí, te mirara con asco y solo tú quedarás sin trabajo, para que aprendas. Que los otros han aprendido su lección, irán todos los días a matarse en el latifundio, y cuando tú llegues a casa, si casa es eso, con que cara vas a decir que no encontraste trabajo, que los otros sí, pero tú no. Corrígete si todavía estás a tiempo, jura que has aguantado ya veinte punzadas, crucifícate, tiende el brazo la sangría, ábrete las venas y di, esta es mi sangre, bebéd de ella, esta es mi carne, comed, este es mi vida, tomadla, con la bendición de la iglesia, el saludo a la bandera, el desfile de las tropas, la entrega de credenciales, el diploma de la universidad, hágase en mí vuestras voluntades, asi en la Tierra como en los cielos. 90

Cuando el capataz les dice a los jornaleros, a ver quién es el último, a correr. Y los inocentes, eso sí, ciegos al claro engaño, iban al trote, al galope, a rastras para conquistar la gloria de llegar el primero, o la satisfacción confirmada de no ser el último. Porque el último, y hay siempre uno que es el último, no se puede evitar, tendrá que oír las burlas, las mofas de los triunfadores jadeantes, ya sin huelgo, y eso que aún no he empezado el trabajo, y Armán todos una algaraza de escarnio, pobres tontos. Ay que fue Juan Maltiempo quién llegó el último…, una señal de torpeza, de poca prisa en las piernas, ni es hombre ni es nada. Que Portugal es un país de hombres, de eso aquí no falta, solo no lo es el último de la carrera, largo de aquí, gandul, que no vales el pan que comes. Pero no acaban ahí los juegos, el último en llegar, si es que tiene vergüenza en la cara, querrá ser el primero en cargar, siempre hay una compensación, están armando el montón de leña de la que saldrá el carbón, y tú dices, tras ponerte un saco a la espalda para no sentir tanto el dolor que viene ahí, a ver, venga ese tronco, que lo cargo yo. Está mirando el capataz y hay que demostrar a los compañeros que eres tan hombre como ellos, y además no puedes quedarte sin trabajo la semana que viene, están los hijos, y entonces van dos y levantan el tronco, gimen ya con el esfuerzo, y te lo ponen sobre el hombro, tú te doblas como un camello para recibir la carga, como si hubieras visto ya un animal de esos, y al sentir la carga se te doblan las rodillas. Pero clavas los dientes… a ver si aguantas, valiente!… 91

No se regatean sangres, no se dice dé Vuestra Majestad un litro de la suya, roja o azul tanto da, que tras estar derramada en el suelo media hora, del color del suelo acaba. No se atreven los pueblos a pedir tanto, pues no llegaría la sangre de toda la casa real, ni metiendo en la misma tina la de infantes y la de infantas, incluyendo los bastardos del rey y de la reina, para las necesidades de la Guerra. Ponga el pueblo la sangre y el dinero, que Su Majestad contados dineros dará de los que el pueblo antes le dio por taxación y fiscal de impuesto. 137-138

Todos los años, en fechas fijas, la patria llama a sus hijos. Es un modo exagerado de decir, copia habilidosa de algunas proclamas usadas en momento de aprieto en la nación, o de quién en su nombre habla, cuando interesa, para fines confesos o inconfesos, que aparezcamos como una inmensa familia toda hecha de hermanos, sin distinción entre Caín y abel. La patria llama a sus hijos, se oye la voz de la patria llamándolos, llamándolos, y tú, que hasta hoy nada has merecido, ni el pan para el hambre que tienes, ni el remedio para la enfermedad que te tiene, ni el saber para la ignorancia, tú, hijo de esta madre que te ha estado esperando desde que naciste, tú ves tu nombre en un papel a la puerta del ayuntamiento, no sabes leer pero algún letrado te indica la línea donde se enrolla y desenrolla una lombriz negra, eres tú, y quedas enterado de que esa lombriz es tu nombre, escrito por el amanuense de la caja de reclutas, y un oficial que no te conoce y que de ti solo quiere saber para esto, pone su nombre debajo, es una lombriz más enredada y confusa, y ni siquiera llegas a enterarte de cómo se llama el oficial, y a partir de ahora ya no puedes escapar, la patria te está mirando fijamente, te hipnotiza, solo faltaba que fueras a ofender la memoria de nuestros abuelos y de los descubrimientos. Te llamas Antonio Maltiempo y desde que viniste a este mundo te estaba esperando, hijo mío, para que sepas que madre extremosa soy y si durante todos estos años no te di mucha atención, tendrás que perdonarme porque sois muchos y no puedo mirar por todos, anduve preparando a los oficiales que mandarán en ti, no se puede vivir sin oficiales, como ibas a aprender los movimientos de marcha, un dos, izquierda derecha, media vuelta, alto, o el manejo del arma, cuidado cuando alzas la culata, quinto, que no se te vaya hacia atrás, y me dicen que no sabes leer y quedó asombrado, acaso no puse escuelas primarias en lugares estratégicos, institutos no, no los necesitas, tu vida es diferente, y vienes a decirme que no sabes leer, ni escribir ni contar, qué trabajos me das Antonio Maltiempo, vas a tener que aprender en el cuartel, no quiero hijos analfabetos bajo mis banderas, y si luego olvidas lo que te han enseñado, paciencia, la culpa no será mía, el burro eres tú, un patán y un cateto, en verdad te digo, están mis ejércitos llenos de campesinos, menos mal que es por poco tiempo, ya acabado el servicio militar volverás a tu ocupación, pero si quieres otra pesada como esa, también puede arreglarse. 238-239

Ningún dios es digno de su creador. 265

Doña clemencia, ahora sin duda charlando con el padre agamedes, parece que han detenido a Juan Maltiempo, Así es, señora mía, hizo tantas que las pago todas juntas, y yo que llegue a tomarme tantas molestias por él y por los otros. Parecía tan buen hombre, son los peores doña clemencia, son los peores. Ni amigo de tabernas era. Ojalá lo fuese, al menos no tiraría hacia las maldades que práctico. Y qué hizo. Ah, eso no sé decírselo, pero si fuera inocente no habrían venido a detenerlo. Convendría en el futuro ayudar a la mujer con alguna cosilla. Doña Clemencia, es usted una santa, si no fuese por su bondadoso patrocinio no sé qué sería de estos pobres miserables, pero deje que pase un tiempo, a ver si aprenden a no ser orgullosos, ese es el peor defecto que tienen, el orgullo. Tiene razón, padre agamedes, y el orgullo es pecado mortal. El peor de todos, doña clemencia, porque es él quien levanta el hombre contra su amo y contra su dios. 291-292

Y francia, que es. Francia es un campo infinito de remolachas en el que se trabaja 16 horas al día, o 17, es un decir, porque siendo tantas son todas las del día y no pocas de la noche. Francia es una familia de normandos que ve que le entran por la puerta tres animales ibéricos, dos portugueses y un español de Andalucía, éste sabe unas cuantas palabras de francés, ciencia de emigrante, y con ellas dice que están allí los tres contratados. Francis un pajar de poco resguardo para el poco dormir y un plato de patatas, es una tierra donde misteriosamente no hay domingos ni días santos. Francia son de arrancarse los riñones, dos cuchillos clavados aquí y aquí, una aflicción de cruces martirizadas, una crucifixión en un pedazo de tierra. Francia es para verla con los ojos a cuatro palmos del tallo de remolacha, son de remolacha los bosques y los horizontes de francia, no tienen nada más salvo eso. Francia es este desprecio, este mirar y hablar a modo de burla. Francia es el gendarme que viene a comprobar los papeles, línea a línea, comparando interrogando, alejado tres pasos por causa del hedor. Francia es una desconfianza que está siempre de centinela, es un vigilar incansable, es un normando que va a inspeccionar el trabajo hecho y asienta el pie como si nos pisara las manos adrede. Francia es ser maltratado en alimento y aseo, nada que se pueda comparar con los caballos de la ferme, que son gordos, culones y soberbios. Francia es un cercado de alambre de espino con conejos ensartados por las orejas como peces en un junco, ya hasta el aire falta… doblado por la cintura y flojo como una navaja a la que de pronto se le ha roto el muelle, y tiene el filo romo, la punta partida, para el próximo año no vuelve. Francia son largos viajes en tren, una gran tristeza, un montón de billetes atados con un cordel y los celos estúpidos de quién se queda y murmura ahora de quién fue, está rico, son las envidias del pobre, lo mal que se quieren unos a otros por motivo de intereses. 346 347

Un día de estos, despertándonos bien dispuestos, diremos que las provincias ultramarinas que fueron colonias pasan a ser estados, en cuestión de nombres da lo mismo, lo que es preciso es que la mierda no varíe y sigan comiéndola aquellos a quienes sólo de mierda hemos alimentado, negros o blancos, un premio a quién no te la diferencia. 388

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Si yo soy ladrón por ir a robar unas bellotas por hambre ladron es también el dueño de ellas, que ni ha fabricado la tierra ni plantado los árboles ni podó ni limpió. 401

 

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