El cuento de la criada. Margaret Atwood

cuentocriada.jpg(Calificación 8/10*)

En El cuento de la criada, Margaret Atwood, autora canadiense galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008, el Booker Prize y otros importantes premios literarios, imagina una dictadura habitada por mujeres estériles. Este hecho, unido a la persistencia de las clases sociales y a la primacía del varón, da lugar a la consideración de la mujer en función de su posibilidad reproductora y, en concreto de mantener el predominio de la clase alta que gobierna la sociedad.

“Ahora nunca voy al río ni a caminar por los puentes. Ni al metro, aunque allí mismo hay una estación. No se nos permite la entrada, ahora hay Guardianes y no existe ninguna razón oficial para que bajemos esas escaleras y viajemos en esos trenes, por debajo del río y a la ciudad principal. ¿Para qué querríamos nosotras ir de aquí para allá? Podríamos tramar algo malo, y ellos se enterarían”.

“Una rata en un laberinto es libre de ir a donde quiera. Siempre y cuando permanezca dentro del laberinto”

“El perdón es signo de poder” (216)

“A él no le importaba, pensé. No le importaba en absoluto. Quizá incluso le guste. Ya no nos pertenecemos el uno al otro. Por el contrario, yo soy suya” (287).

Con expresiones concentradas de anticomunismo: “Piensa en mi madre recogiendo toxinas letales; así solían acabar sus días las ancianas en Rusia, barriendo mugre” (396). “La evolución hasta llegar al KGB ruso a partir del anterior servicio secreto del zar” (465).

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